<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-30709711</id><updated>2011-04-21T12:03:43.064-07:00</updated><title type='text'>ratón viejo</title><subtitle type='html'>de la verdad, su maravilla, la búsqueda</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://jpdeavila.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30709711/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jpdeavila.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>ratón viejo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09613527979869362337</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://i13.photobucket.com/albums/a261/2recuerdosinutiles/ratonviejo.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>7</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30709711.post-116313309538719768</id><published>2006-11-09T20:30:00.000-08:00</published><updated>2006-11-09T20:31:35.413-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>"HA VUELTO RASPUTIN, SE ACABO LA GUERRA FRIA. Y UNO NO SABE SI REIR O SI LLORAR, VIENDO A RAMBO EN BUCAREST FUMAR LA PIPA DE LA PAZ... NO HABRA REVOLUCION, ES EL FIN DE LA UTOPIA, POR LO MENOS QUE LE PONGAN HASCH A LA PIPA DE LA PAZ..."&lt;br /&gt;JOAQUIN SABINA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El otoño era rojo, amarillo y naranja, porque aquella ciudad era inundada de árboles de plantas que se cosificaban en la temporada. La vida llegaba a la ciudad en color brillante, auras que explotaban a cada esquina. Las arboledas, parques y bosques eran grandes monumentos a la posibilidad. Los árboles se incendiaban y sembraban de alfombra de hojas amarillas café naranja los caminos, solamente los pinos permanecían siempre verdes. Las hojas muertas volaban y golpeaban la ventana donde Araucaria veía a través del cristal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Araucaria comía un pan tostado untado en mantequilla y queso, bebía café con leche cremosa, gruesa en grasa. Veía en la ventana la pequeña lluvia que quedaba de la tormenta momentánea. La gente corría brincando los charcos de agua negra, intentando que no se le cayera el café o el periódico, los niños luchaban con sus inmensas mochilas: "sus cruces cotidianas"; los taxis de color amarillo surcaban raudos buscando su sustento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Araucaria se reía enormidades de los Canacos locos, de sus cabellos verdes y morados, de su ropa desparramada, de los shorts floreados y las combinaciones de sus colores tan dispares. Los encontraba extravagantes y lindos, aunque llegó 19 años atrás no se acostumbraba a sus atuendos. Su risa de maravillarse era un pretexto de mantener la alegría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    Araucaria le gritaba a Bob, haciéndolo salir del cuarto y le señala la ventana:&lt;br /&gt;-Mirá, mirá nomás esa galla. -Señalaba a una muchacha, que marchaba seguramente a su curso de bachiller. -No me dirás que no es huevona. Con esos pantalones, y esa blusita.... y este frío culeao.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Bob no se molestó en verla, ya la conocía. Alaraca como todas las chilenas. Se sentó en la silla frente a ella y se sirvió un café. Ella, que seguía observando la calle, parpadeó, enfocó la mirada en un sujeto de botas vaqueras y cabello largo terminado en cola de caballo, delgado, tal vez demasiado para ella, que se acercaba al pórtico de la casa:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Ah la chucha!, ¿Qué no es ese el Indio Nogales, el cuate de México?&lt;br /&gt;      -Bob entonces si que puso atención y observó. José María Miguel Chimil Nogales, alias "el perro", alias "el indio" y "el coyote", subía las escaleras de la casa para encontrarse con sus viejos amigos, antiguos camaradas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Amigos de la actividad en los derechos humanos, en los movimientos, los intentos; la solidaridad con Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Chile, Argentina. Se abrazaron la distancia. Bob y Nogales se dieron palmaditas en el trasero, diciendo que se habían extrañado mutuamente. Que cual era el milagro. A Nogales se le humedecieron los ojos, como si hubiera deseado esa hidratación y comentó:&lt;br /&gt;-¿El dúo dinámico sobrevive al huracán de la perestroika?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Araucaria rió tímidamente mirando a Bob con una mueca que precipitaba negación. Bob aguzaba sus anteojos. Nogales se pasó el antebrazo por la mejilla borrando la pequeña lágrima que le comenzaba a surcar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Para ella, Nogales era diferente: "Ese cabello largo te hace ver... -Se colocó la mano en la barbilla, observa cauta y fija. -Te ves más arriesgado. Pero se nota que no te ha tratado bien la vida. No serás un espía disfrazado de Nogales -Y lo tomó de la cintura forzándolo a darse la vuelta -Mira cómo traes esa chamarra rota. Qué flaco te has puesto”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y tú, tan chaparramente guapa como siempre. -Soltó Nogales con esa actitud tan Mexicana de demostrar fríamente sus sentimientos: golpeando las caricias. Cariño con asperezas y palabrotas para Bob:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- "Te he extrañado cabrón. Cómo le recordé hijo de la chingada".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Y todo para no permitir, como diría Araucaria, que en los mexicanos asomara ni un centímetro el homosexual que llevan todos dentro. Sentados, callaron  y trajeron el presente insulso. Tiempo de caminar sin faro. Muchos renunciaron, manteniendo su vida en el asegurado núcleo de la estabilidad; dar todo a los hijos, cultivar las artesanías y los inventos acarreados para la mejor vida; el auto, la casa, el trabajo. Manutención del pervivir. Esa era su charla o tal vez penuria: -"De que fulano ya no creía en la revolución, de que zutano se pasó a tal o cual partido o de que mengano se había suicidado tirándose a una deuda insalvable".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Hubo pan tostado en mermelada de blueberry a lo que Araucaria llamó "tostadas" y a Nogales le sugirió otra cosa. Bob masticó cuidadosamente su pan mirando a Nogales. El canadiense, ahora más arrugado, más pecoso, más pelón, pero con su mismo refinamiento anglo, que aunque quiso quitar nunca logró; quijada ancha, lentejuelos a lo Lennon, adheridos a la punta de la nariz. Té de yerbas, aroma a humedad y la plática anodina en la pequeña habitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Araucaria cerró la ventana cuando sintió el viento glacial: -"Habrá que irse poniendo las parkas".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Había rock en el ambiente. Bob era uno de esos ex-hippies que asistieron a Woodstock, que se mataban por un boleto de los Rolling, que leyeron extasiados a Burroghs, Ginsberg o Keruak. Su arsenal de cassettes, discos y cidies,  era el más amplio de la ciudad. Sus libros golpeados por el sol de la tarde, llenaban dos inmensos estantes cubriendo toda la pared. Había una mesa principal llena de papeles, documentos, historias y escritos sin terminar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Recargada en la mesa de la cocina, Araucaria, observó a Bob y le mandó, telegráficamente, una sonrisa de hastío. Ella, de cuerpo compacto, llenita, como diría Nogales, un tanto chaparra y de piel tostada, a diferencia de las pitucas ricas de Santiago, discordaba  en físico del Canaco Alto, flacucho y blanquecino de Bob. Arauca tenía los finos rasgos de los mapuches, arrinconados cada vez más al sur de sus tierras. La chilena rompió el silencio, cuestionando:&lt;br /&gt;- Cuéntanos ¿porqué estas aquí?, ¿qué te trajo? ¿por qué no nos avisaste que venías? Apareces como fantasma, sin conjuras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Nogales contó su historia, su salida escondida de México, la muerte del “Cochirrol”, los balazos con el hombre llamado "Guggenheim", con el que llevaba una enredadera de enfrentamientos, pero del que sólo tenía datos vagos e imaginarios: ¿elemento de información de la Central de Inteligencia?, ¡coordinador de asesoramiento paramilitar?: mar de interrogantes. -Bob y Arauca lo miraban incólumes, Nogales respondió las miradas preguntando: -"¿Pues qué creen que hacen los asesores militares, los espías, los agentes dobles, finalizada la guerra fría e iniciada la supuesta paz en Centroamérica?" - Bob y Arauca se encogieron de hombros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      No siguió Nogales, no les dijo que dejaba atrás una condena por haber asesinado a su mejor amigo, que lo perseguían todas las polis de México, que ya podría estar boletinado en la INTERPOL, que ya no sabía en que ratonera meterse, que ya le dolían las patas. De ahí en más, todo era difuso. Narcotráfico, contrabando, historias de niños, tráfico de órganos y mercado de chamacos para la prostitución a clases altas en los Estados Unidos y Canadá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Recostado en un sillón, Bob, se acomodó los lentejuelos, los enderezó; movió la boca y se mordió  el labio inferior:&lt;br /&gt;-Cabrones... -Dijo sacándose los lentes para limpiarlos con una servilleta. -Mónica Lagranche, periodista europea, amiga, trabaja sobre casos similares. Me pidió que yo desarrollara algo para el norte de América. -Terminó de limpiar los espejuelos de metal dorado y se los colocó... -Habrá  que buscar contactos. Proxenetas y pájaros de esa calaña -Dijo enfadado pero hiperquinético -Formar un equipo de trabajo. Este puede ser el centro de operaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Nogales meneó la cabeza, sus ideas eran otras. Todo era tan rápido, apenas los abrazos, la pequeña charla y el té vuelto a calentar. No, para el mexicano, la historia pertenecía ya al pasado. Buscaba su isla, y nadie, ni los viejos camaradas, ahora que creía encontrarla, se la podría robar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      El coyote movió la cabeza negativamente. Araucaria se le acercó creyendo comprenderle y le pasó el brazo por los hombros. Le ofreció otro pan tostado. Nogales aceptó con una sonrisa. Ella también sentía muchos despeñaderos en su recuerdo. EL silencio reinó por un instante. Era mejor seguir en la nostalgia segura del pasado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Bob razonó ondulando su cuerpo en aquel sillón negro imitación piel. Pensó en encender la calefacción pero se abstuvo al recordar que no funcionaba bien. Estiró los pies y colocó sus manos sobre las piernas.  El canadiense ya conocía esos ademanes de derrota y no le gustaban. No se rindió aún con la mirada de Arauca sobre él:&lt;br /&gt;-Ha vuelto Rasputin, ahora no saben como apagar tremendo achicharramiento -comentó Bob, Canadiense rubio de mejillas sonrosadas como el trasero de un niño- Gorby ha muerto. Viene el best seller Gorbachev, escribiendo míseros comentarios en los periódicos Estadounidenses. Estamos en el fin de la historia, los buenos han triunfado, el mundo se extingue en el delírium del consumens.&lt;br /&gt;-Sí, todo fue tiempo perdido. Rasputín y Rasputin no tienen diferencia -Dijo como en cierto colofón Nogales y prendió un cigarrillo que aspiró profundamente- Te niegas a reconocer el pasado frustrado, trunco y ortodoxo que llevamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      El Indio se dejó caer, miró a lo lejos, miró detrás de los ojos de Araucaria, detrás de su vida y apretó los dientes. Su arracada brilló por el momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      "Tal vez algún día, el sol no salga por ningún oriente, y el poniente recrimine a los pueblos del Asia por alguna estrategia malévola para dominarlos. Los del oriente a su vez, tendrán serias razones para pensar que el poniente les ha ganado la batalla. Al final los dos bandos morirán de ceguera": Tesis de Araucaria que pensó pero no comentó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Caía la tarde y entonces Nogales dejó salir un chillido quieto, tragándose los quejidos, y así tan indio como era, tan serio perro, y hasta podría decirse frío  coyote, le corrió una pequeñísima l grima por la mejilla. Era el cansancio aglutinado durante semanas de  continua huida. Correr que le llevó hasta aquella ciudad amurallada de hielo y después del delirio en el subterráneo, del encuentro con aquellos que pensó destruidos; después de semanas de camino; se arrojaba sobre el cuerpo inerme y ya abatido comenzó a temblar. Arauca lo arropó, lo miró con piedad. Nogales balbuceó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tengo miedo, estoy cansado. Quiero por última y primera vez en la vida algo para mí. ¿No sé?... estudiar, cultivar un jardín, cuidar perros, hacer ejercicio...". -Con el antebrazo se secó la ridícula lágrima que le corrió por la mejilla -"Siempre he querido estudiar dibujo y pintura, cultivar nopales y magueyes, algo bonito y simple, Que se yo..."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Araucaria lo tomó del hombro. Apretó fuerte. Bob, sorprendido y mudo, se quiso esconder. Fue y buscó más té. Miró por la ventana las hojas volando, descubrió a lo lejos que una bandada de patos se alejaba rumbo al sur, se escuchaban sus gritos lastimosos. El Señor frío se aproximaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Finalmente Bob intentó romper el abismo que se habían abierto:&lt;br /&gt;-Okey Nogales. Yo pensé que los machos mexicanos no lloraban...&lt;br /&gt;      El indio quiso reír, y entrecerró los ojillos soltando:&lt;br /&gt;-Quién chingaos te dijo que soy macho, pinche gringo loco...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Bob gira los ojos y ve con toda la pesadez a su Nogales que no consigue la sonrisa. Lo había apreciado durante tantos años y ahora en su departamento le veía tan desgarbado, demolido, que de alguna manera su memoria se rompía a pedazos. Para Bob Nogales no solamente había cambiado físicamente, sino anímica y mental era su transformación:&lt;br /&gt;-Acaso crees que ha terminado la utopía, como ese tal Fukuyama que dice que la historia a finalizado, que por fin ha triunfado el verdadero sistema económico: el mercado libre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Nadie le contesta. Nadie responde. Conceptualiza en el desierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      El canadiense vacila entre seguir tomando té o comer una croqueta de grumo de chocolate. Tiene seis meses y tres semanas y dos días de estar dejando el cigarro y eso le provoca ansiedad de comer y masturbarse. Actos que le empezaban a producir gordura. La conciencia de verse en el espejo rompiendo la línea, pensar en la vida sana que tanto se proclama y luego sentir la contradicción de para qué querer tal vida si se encuentra engañada por un sistema que lo menos que otorga es una existencia saludable. Contradicción interna que le llegó en aquel preciso momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Por su parte Nogales sintiendo el brazo seguro de Arauca trae una imagen a su cerebro: Se ve desvaneciéndose en el desierto, caminando rumbo al horizonte sobre su tierra calcinada y muerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Imagen de representación perdida, de cactus sin agua, nopales secos y destruidos, reflejo de derrota.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Araucaria pensando lo que pensaba el perro, dijo: -"Pucha, macanú, yo también tengo mucha huevá, siempre soñando un país que no existe, porque lo dejaste mucho tiempo atrás. Realidad cruenta. Triste ver como se nos cae la gente, lo que en el tiempo llamamos pueblo; falso concepto, con aquellos viejos militantes que ahora se convierten en esqueletos, perviviendo del subsidio gubernamental, del wellfear, sentados en los cafés o en los parques, sacudiéndose las ropas viejas que trajeron desde sus países, con los dientes carcomidos, jugando ajedrez en un partido que ya se saben y conocen de antemano en su derrota. El agobio de la familia y el trabajo monótono y constante; en este mundo frío, pensando siempre regresar al pasado, ir atrás a lo que fue la patria o la conciencia...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      ...Muchos compañeros despertaron desilusionados, engañados, cuando se abrió la cloaca de Yugoslavia, de Rumania; la forma atroz en que tratan a los enfermos de sida en Cuba, su antidemocracia; la piñata sandinista, el entreguismo del Frente Farabundo. Grande e inmenso cuento,  espantoso. Ves al tirano de Rumania, ejecutado, tirado en la nieve con sus ojos de santo, abiertos; llenos de tranquilidad. Vil engaño todo. Las violaciones, por parte de Serbios, a los cuales los considerabas de izquierda ¿Los consideran nuestros? ¿Quién? ¿Tú? ¿...? ¿Yo? Ahora resulta que nadie. El avance de la mafia rusa. Los Skinheads salidos de los centros de juventudes comunistas de la Alemania Democrática ¡Conche tu mare, carajo!, ¿en qué creímos?...&lt;br /&gt;-Dicen que fue el Socialismo Realmente Existente -Dijo Bob tratando de definir la escapatoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Quedaron mudos percibiendo la totalidad. No había más té, no existían más tostadas y Araucaria, mujer práctica, enfrentó:&lt;br /&gt;-Habrá que buscarte colocación, estancia y esos cursos de dibujo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Nogales preguntó con miedo:&lt;br /&gt;-¿No tienes tequila? o ¿Algo mesmamente fuerte?&lt;br /&gt;      Arauca salió de su estupor. Bob no se atrevió a soltar palabra, idea o concepto, ganaba una vez más la compañera. Arauca volteó a los libreros y dijo:&lt;br /&gt;-Por ahí a de andar un pisco. -Aguardiente de orujo de uva, tan fuerte como el tequila, el cual Arauca encontró y ofreció a Nogales para embriagarse juntos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30709711-116313309538719768?l=jpdeavila.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jpdeavila.blogspot.com/feeds/116313309538719768/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30709711&amp;postID=116313309538719768&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30709711/posts/default/116313309538719768'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30709711/posts/default/116313309538719768'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jpdeavila.blogspot.com/2006/11/ha-vuelto-rasputin-se-acabo-la-guerra.html' title=''/><author><name>ratón viejo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09613527979869362337</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://i13.photobucket.com/albums/a261/2recuerdosinutiles/ratonviejo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30709711.post-115931481658818804</id><published>2006-09-26T16:40:00.000-07:00</published><updated>2006-09-26T16:53:36.600-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MAS MAL NO ME PUEDE IR, YA ESTOY EN UN ATAÚD, ROMPI SIETE ESPEJOS, ME VOY CON TU MALDICIÓN.&lt;br /&gt;JAIME LOPEZ&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;Se cumple un año de su partida y el departamento se ensancha, se me vuelca como inmenso desierto de objetos. El ropero engrandeció, se forjó en gigante, en monstruo con inmensas fauces. Las sillas eran montañas a las que había que escalar, los pasillos se volvieron túneles y la ventana fue un acantilado, tremendo deseo de lanzarme al espacio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Como siempre acerqué la silla a la ventana y miré la calle desierta, la casa deshabitada del frente y sentí como me desocupaba de mí mismo, como me alejaba de mi espíritu. Sólo el silencio lleno de murmullos y de sonidos lejanos brotaba en la ventana. Así, comencé esta novela, una de aventuras y balazos, escrito negro, suspense, hard boild,  un escrito que discordara lo más de de este departamento triste y lleno de tu silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Trabajo quince o treinta minutos sobre el texto, sobre el cuaderno de notas y un sonido, un murmullo, algún crepitar de la madera del piso, me trae a tu fantasma. Otra vez  yo y tu espectro, el aceite de tu piel que se impregnó en todas las paredes, en las sábanas y cama, que recorre cada cuarto, cada objeto, cada torso de esta casa. Solo y el departamento de Natalia, la gata que tu trajiste herida y aterrada. Cómo contarte que Natalia ya tuvo 3 gatitos, dos grises y uno como ella, atigrado, como tú de ojos tristes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Solo y esta casa enorme, este departamento que me come, me asfixia en su vacío. Solo en este departamento de Natalia, mi gata melancólica y tierna que aprende a ser madre. El silencio mueve las cortinas, lleva y trae tu fantasma. El espíritu de tu cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30709711-115931481658818804?l=jpdeavila.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jpdeavila.blogspot.com/feeds/115931481658818804/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30709711&amp;postID=115931481658818804&amp;isPopup=true' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30709711/posts/default/115931481658818804'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30709711/posts/default/115931481658818804'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jpdeavila.blogspot.com/2006/09/mas-mal-no-me-puede-ir-ya-estoy-en-un.html' title=''/><author><name>ratón viejo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09613527979869362337</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://i13.photobucket.com/albums/a261/2recuerdosinutiles/ratonviejo.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30709711.post-115829282143408138</id><published>2006-09-14T20:57:00.000-07:00</published><updated>2006-09-14T21:00:21.443-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Medio día violento de recuerdo en donde el Indio Nogales da frescura a su garganta, dejándole pasar la bebida amarga, mientras observaba la calle que pretende reconocer, suya años atrás en su primer exilio. Nogales disfruta la cerveza, haciendo del acto, tal vez, uno de los pocos plenos de su vida, si no es que el único: tomar cerveza después de un buen combate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       La cerveza le otorgó el sabor fuerte que requería y el Indio nogales carraspeó levemente. Tuvo ganas de fumar pero cientos de letreros se lo impedían. Tres hombres con cascos amarillos, gagles al cuello, tapabocas escurriéndoles por la  pechera anaranjada de listones también amarillos; se sentaron a un costado de él a tomar y conversar en un reposo en el trabajo. El Indio los observó con el rabillo del ojo, sintiendo la agradable sensación de la segunda cerveza. Después, descaradamente los miró, el más cercano era negro, fuerte y alto; el otro blanco caucásico, posiblemente inmigrante de un país del este europeo, pecoso; el último oriental, en éste se quedó Nogales con los ojos, esos ojos rasgados del Asia. Hablaban del partido de Béisbol de antenoche. Eufóricos y felices, con manotazos, comentaban los principales batazos, las carreras de los Blue Jays.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Los ojos rasgados del oriental se le quedaron, ojos alargados como los del Cochirrol tirado en el asfalto, con media cara roja. Ojos jalados tal vez por el dolor. Nogales observó al trabajador y el Cochirrol se le presentó en el cerebro, tirado y sin movimiento. Un dolor profundo le penetró en el recuerdo y lo hizo arquearse cuando el Cochirrol se estremeció negándose a soltar su espíritu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Nogales ya no tuvo fuerzas ni valor para seguir a Guggenheim. Se conocían de hacía mucho tiempo atrás y sabía que tanto uno como el otro tratarían de encontrarse. Se volverían a ver como Amantes enfrentados. La gente comenzaba a salir de los negocios cercanos, del mercado, del bar "el negrito", de la tienda que antes había sido "el cine Rex". Los aullidos de las patrullas se escuchaban ya. La anciana del puesto de fritangas le saludó a Nogales con una sonrisa. Él contestó la sonrisa al doble. Guardó su pistola y estaba dispuesto a irse cuando escuchó un sollozo. Su oído era un arma fina.  Husmeó con la nariz, escudriño con los ojos la filtración del lloriqueo, sintió el frío de la muerte cercana. Corrió al auto del que chorreaba gasolina, aceite y agua, y abrió la portezuela trasera. Una niña, bajo el asiento, lloraba con la cabeza entre las piernas. -"Hijos de la chingada"- dijo Nogales mientras las patrullas se acercaban...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Los "Jays" ganaron el partido de béisbol en la noche anterior, "Go Jays Go", se veía en las pancartas, y aun faltaban muchos partidos para que pasaran a la final, comentaban los trabajadores de cascos amarillos. Nogales volvió a la cara del hombre chino, o vietnamita, o Coreano, o quien sabe que país, pero él le diría en sus pensamientos chino, y pretendió ya no adentrarse en un crimen más que le manchaba la memoria. Un saxofón se escuchaba por el viento de la calle, y por el momento Nogales se sintió tranquilo, miró con agrado a tanta gente distinta caminar bajo la llovizna. Le gustaba la multiculturalidad de esa ciudad. Ese monstruo de pueblo le agradaba, le quería, -"un buen refugio para sepultarse" se dijo, y sorbió lo último de su cerveza.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30709711-115829282143408138?l=jpdeavila.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jpdeavila.blogspot.com/feeds/115829282143408138/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30709711&amp;postID=115829282143408138&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30709711/posts/default/115829282143408138'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30709711/posts/default/115829282143408138'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jpdeavila.blogspot.com/2006/09/medio-da-violento-de-recuerdo-en-donde.html' title=''/><author><name>ratón viejo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09613527979869362337</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://i13.photobucket.com/albums/a261/2recuerdosinutiles/ratonviejo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30709711.post-115662686122318192</id><published>2006-08-26T14:13:00.000-07:00</published><updated>2006-08-26T14:14:21.226-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Nogales seguía avanzando por la calle de tiendas suntuosas e inmensos aparadores y escaparates luminosos. Decidió tomar algo amargo que le abriera la garganta antes de llegar con los amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Entró a un bar cualquiera, en el primero que observó que la clientela tomaba. Se sentó en la mesa más cercana a la puerta, observó el cartel de cerveza "Molson", en el que un tipo de sonrisa comercial, blandía su tarra espumeante. Nogales mirando el póster, pidió al mesero, "una de esas", con un gesto, y siguió mirando sin ver cuando el mesero se fue a la barra. Clavado en su recuerdo desde su regreso a la ciudad que se le abría en brazos fríos, desde su autoexilio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       El mesero -tipo seguramente latino- por su piel morena y bigotito negro recortado, le traía ya la cerveza. Nogales pensó en hablarle en español pero no se atrevió, procesó mentalmente que tal vez fuera Hindú o árabe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Tomo la tarra y sorbió de un largo trago, dejando vagar su memoria por la calle de la ciudad que había dejado semanas atrás. El pasado se le repetía sin pretender. Recurrente pasado que se revivía, comenzando la historia: Una señora torteaba tacos de papa, los que colocaba luego en el aceite hirviendo. Nogales la miró para grabarse la escena. En ese instante, el Indio Nogales, estaba en una ciudad de Canadá y también en una calle de México. El tiempo esta lleno de memoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Las manos en los bolsillos. Su pistola 38 bajo la chamarra de mezclilla desusada. Esquina llena de cables y chicles pegados al asfalto. Esquina cochambrosa y sucia, de la avenida Cinco de Mayo; en donde el coyote, el indio, vio pasar el coche y los ojos del conductor le acribillaron su mirada. Eran los mismos ojos que ven a la profundidad, ojos de precisión, sin nubes, los ojos azules que acababa de ver en el túnel del metro, los ojos clavo aferrados que no puede, aunque quiera olvidar. Ojos hundidos en la memoria, en la piel de la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Ojos que conocía de ya mucho tiempo atrás, en la selva centroamericana. Guggenheim manejaba un auto enorme. Veloz como fantasma cruzó la esquina y miró perplejo a Nogales. Los dos se miraron y petrificado fue el instante. Fuerte rechinido y el automóvil se detuvo de súbito, dando un giro con el que bloqueó la calle en su patinar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Subieron las armas. Otro auto que se acercaba los alcanzó, esparciendo cristales y metal retorcido. Golpe seco, para luego, un segundo, estallido de cristal. El conductor se echó sobre el piso de su coche y nunca salió. Los disparos comenzaron y Nogales saltó, su cabello flotaba como  capa de luchador. Nogales al suelo, arrastrándose para dirigir el ataque, el avance de la historia que se le repetía. Su pistola brilló tras un neumático. Dos hombres salían del auto disparando sin atinar a su enemigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       La muchedumbre comenzó a correr y sólo la anciana de las fritangas quedó paralizada con un taco de papa entre las manos. Guggenheim detrás del cofre de su coche, movía a diestra y siniestra su pistola automática buscando el cuerpo del adversario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Guggenheim, era rubio, de ojos azules, alto, con un traje en casimir bien planchado, de cabello cortado al rape. Sus movimientos eran lentos y pesados, cual si arrastrara fanegas. El otro: un moreno delgado conocido gatillero, apodado El Cochirrol, al que no se le distinguían los ojos atrás de sus lentes ray-ban, este no dejaba de moverse, de brincar. Las manos le temblaban cual la cabeza hiperquinética.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      El Cochirrol acuclillado se movía ridículamente tratando de avanzar sobre su propio y moribundo auto. Nogales lo rechazó, cubierto en un poste, un cofre, un bote de basura, mientras los disparos silbaban como pajarillos de muerte. Fue ahí que el plomo certero del Indio -y por algo decían que tenía puntería de Apache- atravesó la mandíbula del moreno. Se le botaron los anteojos al Cochirrol y rápido y chillando cayó al suelo hincado. Gritaba sangre. Era puerco en matadero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Guggenheim maldijo y sentenció retrocediendo. Nogales salió de su escondrijo como retándolo a un duelo bajo el sol. El Cochirrol lloraba tomándose la quijada, de donde le brotaba sangre que quería retener sin lograrlo. Guggenheim alzó por último su pistola y corriendo hacia atrás disparó. La bala destrozó la espalda del Cochirrol, quien se derrumbó ya sin vida sobre el asfalto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30709711-115662686122318192?l=jpdeavila.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jpdeavila.blogspot.com/feeds/115662686122318192/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30709711&amp;postID=115662686122318192&amp;isPopup=true' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30709711/posts/default/115662686122318192'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30709711/posts/default/115662686122318192'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jpdeavila.blogspot.com/2006/08/nogales-segua-avanzando-por-la-calle.html' title=''/><author><name>ratón viejo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09613527979869362337</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://i13.photobucket.com/albums/a261/2recuerdosinutiles/ratonviejo.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30709711.post-115662679849045352</id><published>2006-08-26T13:33:00.000-07:00</published><updated>2006-08-26T14:13:18.573-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;"RETENIENDO EN SU LECHO LAS SOMBRAS.&lt;br /&gt;ESAS SOMBRAS QUE BESAN Y LUEGO SE VAN"&lt;br /&gt;REAL DE CATORCE&lt;br /&gt;DE COMO NOGALES APARECIO EN LA NOTA ROJA DEL PERIODICO&lt;br /&gt;EN EL CENTRO-NORTE DE MEXICO.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La oscuridad es la médula del antro “La peor de todas”, las cervezas son el río que la recorre, el techo parece inalcanzable, las mesas de la cervecería corona son lánguidas ante los cuadros y cuadros de Frida, Diego y Orozco; los posters de movimientos y luchas que habían pasado por aquella ciudad semidesértica se envejecían. Ciudad de cactos carcomidos, biznaga carcomida. Guillermo Medrano, regenteador del tugurio, sentado en el rincón más ubicuo, pensaba y le daba vueltas, revueltas al concepto: "Las fuerzas oscuras son tan negras que muy pocos las ven. Rondan los pueblos polvosos y olvidados. Cobran sus cheques a nombre de gobierno. Los medios masivos nunca las mencionan, pero ahí están, y aunque nunca aparecen en los programas de risa y cómic, la gente, el pueblo sabe que ahí están y se hace el loco. Son un ser y no ser, y aunque todo el mundo los presiente, intuyen existen, dudan, pero todo mundo sabe que están. Es un ver y no ver. Un hacerse que están y no hacer nada, dejar pasar”. Eso pensaba Guillermo, y se sonreía a sí mismo tratando de condescender con esa parte que no se entendía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vida anodina de los que viven en el desierto le llevaba como resaca algunos parroquianos. La cotidianeidad de púas y espinas hacía exigencia de cerveza. Medrano toma su "Indio" bien helada como debe ser, escuchando al grupo de rock llamado "el Real de catorce", fuma un Montana y lee, que como escudo se lo monta en la cara. Mirando sin ver las noticias del deshidratado periódico de la localidad. Medrano alucina con los anuncios clasificados. Sin ver lee, nomás pensar sin pensar, persiguiendo un suspiro, un aliento, un destello para su vida aterrada, para detener un momento la piedra que es su vida rodante. Guillermo tuvo sequedad en su garganta, ante ese tugurio que se cae y no se cae, su vida y su relación que existe y no – los cigarrillos nocturnos-, lo insípido que le recorre y se concentra en el sabor. Medrano Se levantó, preguntó al único parroquiano que si gustaba otra cerveza –le contestó que sí- y se fue al refrigerador debajo de la barra, sacó dos “Indios”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juego de ver y no, cual si fuera un cliente más de su ruinoso tugurio. A Medrano se le achicaron los ojos al encontrar una nota de la sección policiaca. Se inclinó sobre el periódico. Hasta el luchador, que años atrás fue conocido como el Santo, echándose una patada voladora, se sorprendió desde su póster clavado con tachuelas. Cuando Medrano se recostaba sobre la nota amarillenta del periódico: "La Trifulca": Balacera en pleno centro: Asesinan al Cochirrol. Foto abajo: calle de tantas, mirones alglomerados, policías, muchos policías. Dos autos estrellados se dolían de sus cristales rotos, de sus parabrisas esparcidos por el asfalto. La fotografía soltaba el humo de una historia que tendrá que ser contada. Un cadáver. Pie de foto: "El exajente judicial conocido como el Cochirrol, posible sicario de los cárteles, fue muerto en la calle Cinco de Mayo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encabezado: Tiroteo en pleno centro de nuestra ciudad. Nota escueta y vaga: "En una riña donde salieron a relucir armas de uso exclusivo del ejército. Posibles narcotraficantes en contacto con el cártel de Guadalajara se enfrascaron en un tiroteo. Murió un sedicioso a manos de sus mismos compinches, -Medrano se rascó la cabeza- la policía y la Judicial Federal tomaron cartas en el asunto. Armando Arrellano alias "El Cochirrol", exagente judicial federal y recientemente cesado del Instituto Nacional para el Combate de las Drogas (INCD), era el sicario más buscado en la región. Este diario en busca de la noticia y la verdad, cual ha sido siempre su costumbre, consiguió información a través de Doña Pachita, vendedora de tacos y enchiladas en la esquina de cinco de mayo y Larreategui. Ella notificó que fue un hombre solo el que armó tremendo sainete; según la noble y humilde anciana, era un jovenazo con cola de caballo, vestido a la mezclilla, con botas vaqueras y una arracada en la oreja izquierda quien enfrentó a los tripulantes del auto que se estrelló. "Los tiempos ya no son como la moral de antes", comentó doña Pachita, "pues que vergüenzas son esas de ponerse arete".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Medrano saltó desde su barra y dio un alarido: "¡Ah chingá!", dio un manotazo sobre el periódico y finalizó: "¡ El Indio Nogales, pinche Nogales, pinche Nogales, le dije que no se metiera, que ya no, pinche Nogales!". El único cliente volteó a verlo y le gritó: "Ya no fumes tus cochinadas", aunque sabía que Medrano no fumaba cochinadas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30709711-115662679849045352?l=jpdeavila.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jpdeavila.blogspot.com/feeds/115662679849045352/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30709711&amp;postID=115662679849045352&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30709711/posts/default/115662679849045352'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30709711/posts/default/115662679849045352'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jpdeavila.blogspot.com/2006/08/reteniendo-en-su-lecho-las-sombras.html' title=''/><author><name>ratón viejo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09613527979869362337</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://i13.photobucket.com/albums/a261/2recuerdosinutiles/ratonviejo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30709711.post-115413790102291191</id><published>2006-07-28T18:45:00.000-07:00</published><updated>2006-07-28T18:51:41.033-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;DE COMO LA LLUVIA DESPERTÓ A NOGALES&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La lluvia despertó a Nogales cuando encontró la salida y caminaba bajo los edificios de la calle Yonge. Calle fría, llena de sombras por los grandes rascacielos, con escaparates lujosos, de luz neón. Calle gris, pavimento y metal. Llueve y los autos brillan, la calle es un rió de plata.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La llovizna le recorre su larga cabellera negra, le pega en la cara  recriminándole esa forma de arriesgar la vida: "Esa actitud de lanzarse a la nada continuamente, de perder el tiempo como los que fuman desgastando los minutos en un acto de cancerígena infecundidad, de un ir caminando diciéndose: “ya no seas pendejo y déjate de tarugadas".&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;      Nogales lo arriesgó todo, porque así había nacido en el bajío norte de México de donde salió hecho un pedo, como dicen por allá, y se lanzó en una avalancha de trancazos. Arriesgó su nada en Centro América, en la frontera sur de los Estados Unidos y en México, transportando cargamentos e información, como encargado de abastecimiento para los grupos opositores Latinoamericanos. Arriesgó los huesos y la piel, cuando los mentados santuarios, los que hacían una vía subterránea desde Managua, pasando por San Salvador, Guatemala, San Cristóbal, Zacatecas, Nuevo México, Chicago; hasta llegar Quebec. Arriesgó el camino al que él mismo tuvo que regresar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;      En los senderos del riesgo, Nogales tuvo sudor en la espalda y dolor en la barriga y ahí le nació el bisturí clavándosele en la cabeza que no lo dejaría nunca: migraña de la recriminación. Punzada que le nació desde que dejó su pueblo, apostando su historia, en un azar efímero.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;       Nogales, "el indio Nogales", José Maria Chimil Nogales, alias "el perro" y "el coyote", se aferró como chinche parásita, como sanguijuela pegada al riesgo se lanzó.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;       Muchas marcas le quedaron en el cuerpo: dos uñas le faltaban, nunca más volvieron a salir porque se las sacaron de raíz, demasiadas cicatrices le dolían, las costillas soldadas le recordaban los golpes viejos cuando hacía frío. Con la lluvia pegándole en su rostro moreno, se dijo: "Estoy salao: ¿de dónde me caen las broncas? Necesito una limpia urgente. Es este mal de ojo." Y Nogales sentía el frío correrle por los pulmones, y el olor a cemento y metal le traían imágenes del tiempo pasado, del tiempo perdido.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;      Pero el Coyote Nogales no requería limpias o polvos de gallina negra, sus demonios aparecían porque era uno de aquellos dinosaurios que creyeron en la solidaridad, en la conciencia, aquella que no se saca del refrigerador o del librero, luego se descongela y se digiere, no viene en videos, ni devedés. Llega, llegó para el indio con los golpes del tiempo, trancazos que le movieron todas sus neuronas, sacudieron sus venas y estremecieron su cóccix. Pero ahora cuando el Indio llegaba a la calle de los viejos amigos, esa historia le era ajena, no quería más de ella, no quería más saber de nada, ni de justicia y luchas, ni de política.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;      Agotadas las entrañas, le faltaba hígado suficiente para seguir recibiendo golpes. Caminaba dopado por sus fantasmas. La lluvia lo despertó de la alucinación enfriándole el cerebro.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;       Pasando una zona de edificios carcomidos, trastabilló, moviéndose como perro sin dueño. Además de coyote y perro, Nogales tenia algo de serpiente por lo que se enroscó sobre sí en la banca de un jardín. Un policía al paso lo golpeó con su tolete, diciéndole: ¡Caminando! ¡Caminando!. La lluvia que le escurría se confundió con su sudor y a la siguiente banca húmeda y fría se derrumbó. El policía, a la esquina, volteó para checar sus indicaciones. Era la maldad que lo seguía, persecutoria antideidad de destrozarle sus mágicos pasos. Nogales de reojo, supo que el policía seguía observándolo, por lo que se paró y continuó su camino, cual autómata, abrazado a si mismo con su mochila al hombro.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30709711-115413790102291191?l=jpdeavila.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jpdeavila.blogspot.com/feeds/115413790102291191/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30709711&amp;postID=115413790102291191&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30709711/posts/default/115413790102291191'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30709711/posts/default/115413790102291191'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jpdeavila.blogspot.com/2006/07/de-como-la-lluvia-despert-nogales-la.html' title=''/><author><name>ratón viejo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09613527979869362337</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://i13.photobucket.com/albums/a261/2recuerdosinutiles/ratonviejo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30709711.post-115396597968469945</id><published>2006-07-26T19:05:00.000-07:00</published><updated>2006-07-26T19:09:43.686-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;Unas botas de soldado, con el cabello rapado y un cerebro desquiciado por el capital (...) tienen todo muy bien atado, sino estamos de su lado nos castigarán.&lt;br /&gt;Reincidentes&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La punzada de bisturí clavándosele en la cabeza le recordó que había que pegarse a la pared. Embarrarse cual calca a los ladrillos del túnel, donde el metro pasaba raudo y asesino. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Eran varios de sus compañeros en el exilio que morían embarrados a los rieles en New York, en Ciudad de México, en Buenos Aires, en Madrid. Lanzados al paso del tren, acto de desintegración total, exterminio de la historia, personal y colectiva, para que nunca más nadie trajera la memoria. Entre los que sobrevivían, y los que pensaban que todo fue tiempo perdido, ese bisturí era punzada permanente para estar alerta. ¿Crimen o suicidio? Nunca se sabía, no se indagaba, investigaciones canceladas. Desmembramiento de una a una de las neuronas que quedaban.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;     Pegado a la pared, miró el pasadizo llenarse de gente: orientales, negros, latinos; solamente dos chicos blancos de ojos azules parecían canadienses. Una vez que el tumulto pasó, Nogales, el indio Nogales, avanzó. Llegó a la escalera, que como serpiente corría hacia arriba, Nogales se imaginó un Quetzalcoatl metálico. Otra multitud, que no atinó saber de dónde provenía, lo empujó y le hizo subir por la escalera. La serpiente de múltiples cabezas lo arrastraba. Cuando llegó al siguiente piso, escuchó el grito:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Eh!, indio... Te he buscado escurridizo coyote, ¿vas a seguir corriendo? Ya no hay ningún lugar a donde llegues...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;     Nogales, el Indio Nogales, también llamado el perro, volteó escalera abajo, luchando para ver contra la marea de gente, pero nadie se percibía, nadie lo imprecaba con los ojos. Entonces tuvo miedo de sí mismo, de sus fantasmas internos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;     Volvió a diluirse en el anonimato del camino de los que marchan al trabajo, a la escuela o la oficina, y antes de subir la siguiente escalera, observó las botas negras venir hacia él. Otra serpiente movediza le traía a su enemigo. El mal sueño se le apersonaba.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;     El indio encendió su lanza, gritó largo su cuchillo y se lanzó. Personas caían cual fichas de domino, los niños se apartaban azorados, unos jóvenes blancos saltaron a otro espacio a donde no tener nada que ver con los belicosos. Atrás de ellos llegó lo que el Indio descifró como su pesadilla.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;     La espada de doble filo se alzó sobre las cabezas. La gente, ese ente llamado civilidad cambió su actitud, y cual si nada pasara, siguió caminando sin ver, escondiendo los ojos, guardando la mirada, negándose la vista, después de la repentina sorpresa. Cuando mucho, abrían espacio para que los contrincantes se batieran sin ningún obstáculo. Alguno que otro se detenía a observar, para estos era un espectáculo más de los que se ofrecen en los andenes del transporte colectivo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;     El hombre de la espada tenia el cabello recortado a rape militar, al pecho una cruz enclavada a un círculo, su larga gabardina negra flotaba con el viento del tren.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;     La lanza con punta de obsidiana de Nogales fue a estrellarse con la espada. Crisol de venganzas estallando. Chispas saltaron alumbrando con  luz extraña el túnel, luz que los demás ya no pudieron ocultar a sus corneas. Uno, dos, tres destellos más. Sonido de mineral y metal crispándose.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;     Los ojos se miraron para recordarse. Ojos negros y azules: cielo y abismo, día y noche encontrándose. Sonó una alarma y se separaron, alzaron los oídos y el hombre de la gabardina se tiró en su último intento. Jaló a Nogales en la chamarra de mezclilla, la que se desgarró trayendo a su cuerpo al hombre rapado. Nogales soltó el golpe con el antebrazo y su enemigo cayó escaleras abajo, tirando usuarios de aquel metro frío. El Indio aprovechó el momento para salir corriendo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;     A paso trompicado avanzó túneles, escaleras, pasillos y corredores. No visualizaba bien el entorno, pero aún así continuaba en su lucha por buscar una salida. No la fácil y no la fortuita. Tal vez, la única.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;     Tenia problemas con la vista y sus ojos rápidamente enrojecían. Se tocó la arracada que alumbraba su oreja izquierda, mientras avanzaba, para comprobar que aún seguía en su lugar.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30709711-115396597968469945?l=jpdeavila.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jpdeavila.blogspot.com/feeds/115396597968469945/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30709711&amp;postID=115396597968469945&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30709711/posts/default/115396597968469945'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30709711/posts/default/115396597968469945'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jpdeavila.blogspot.com/2006/07/unas-botas-de-soldado-con-el-cabello.html' title=''/><author><name>ratón viejo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09613527979869362337</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://i13.photobucket.com/albums/a261/2recuerdosinutiles/ratonviejo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
